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Bridgerton, el libro 3 pero temporada 4



Querido lector, quería empezar mis andanzas por este mundo solitario del blogging con mi última obsesión, porque hace poco salió la esperada cuarta temporada. Y si la foto no te había dado demasiadas pistas, ya te lo digo yo: estoy enganchada a los Bridgerton.


Supongo que parte de su encanto está en que, aunque esto se vista de Regencia, en el fondo no deja de ser un libro de fantasía. Una fantasía muy concreta, eso sí: una en la que el mayor conflicto parece ser el desamor, los matrimonios y, cómo no, las diferencias de clase. Y precisamente ahí es donde esta nueva temporada y el libro en el que se basa ponen el foco.


A estas alturas tampoco creo estar descubriéndole nada a nadie si digo que Netflix ha alterado el orden cronologico de los libros. El tercer libro de la saga, que es el que acabo de leer, se corresponde con esta cuarta temporada y tiene como protagonista a Benedict, uno de mis personajes favoritos de la serie. Y señalo serie de Netflix porque en los libros esa personalidad irónica, traviesa y encantadora que tiene en pantalla se desdibuja bastante. Y aunque tampoco voy a venir yo a inventar ahora que la adaptación mejora muchas cosas de la obra original, sí quería dejar por escrito mis impresiones de ambas versiones.


En líneas generales, libro y serie comparten una trama bastante parecida, con la diferencia de que la serie pule ciertos aspectos y hace más llevadero un argumento que, siendo sincera, me parece el más flojo de todos los que ha tenido la saga Bridgerton hasta ahora. Al final no deja de ser una variación del cuento clásico de la Cenicienta, y quizás por eso me ha resultado menos fresca que otras historias anteriores.


Uno de los problemas que más he notado en esta temporada es que parece olvidarse demasiado del resto de personajes. Están ahí, sí, pero excepto por Francesca los demás muchas veces da la sensación de que aparecen casi por obligación, como si poco a poco la serie fuera desprendiéndose de quienes la sostuvieron al principio. Y eso me hace preguntarme hasta qué punto va a seguir interesándome una próxima temporada si cada vez hay menos Bridgerton, menos secundarios originales con carisma y menos sensación de familia.


Es verdad que se intuyen nuevos personajes corales y que la serie intenta abrir camino para lo que viene, pero, al menos en mi caso, no han conseguido despertar demasiado interés. La trama de los Featherington parece ya agotada tras haberles dado su cierre feliz, y el personaje inventado en la serie de la reina sigue sin decirme gran cosa. De modo que toda la atención de al menos la primera parte de la temporada a diferencias de la anterior recae sobre los protagonistas, y ahí también tengo mis peros: Sophie me ha parecido bastante insípida y Benedict, por momentos, demasiado descafeinado.


Curiosamente, pese a eso, sigo pensando que la serie mejora bastante al libro en lo que respecta a esta relación. En la novela, Benedict encarna mucho más ese tipo de protagonista masculino metido de lleno en su rol patriarcal, un modelo que hoy se hace difícil de leer sin cierta incomodidad. Netflix intenta suavizarlo y, a veces, lo consigue con bastante acierto; otras veces no tanto, pero al menos se nota el esfuerzo. En cambio, hay otros personajes que salen peor parados en la adaptación. Violet, por ejemplo, en el libro resulta menos clasista, más cálida y menos atada a las convenciones sociales, mientras que en esta temporada se le añade un dramatismo que, imagino, busca dar más tensión a la historia, aunque bien he de decir que su parte de "ligandose al churri" en la serie es de las que mas me ha gustado.


Donde sí me parece que la adaptación sale ganando claramente es en la trama de la familia de Sophie. La madrastra y las hijas están mucho mejor construidas que en el libro, y Posy, en particular, sale beneficiadísima. Mientras que en la novela parece que para ser la hermanastra buena tuviera que ser también la menos agraciada, aquí se presenta como una muchacha bonita, ingenua y amable, con mucha más dignidad y con un final feliz mucho más satisfactorio.


Más allá de la pareja principal, lo que más me ha llamado la atención, y no precisamente para bien, es cómo ciertos personajes que antes tenían muchísimo peso han ido perdiendo fuerza. El caso de Eloise me parece especialmente sangrante. Esa Eloise inconformista, crítica con el sistema y con inquietudes propias parece cada vez más diluida en un papel plano, repetitivo y sorprendentemente monótono. Sí, sigue verbalizando que no quiere casarse y que está cómoda en su papel de solterona, pero más allá de eso da la impresión de que el personaje ya no tiene nada más que decir. ¿Dónde han quedado sus ideales? ¿Dónde está su rebeldía? En esta temporada, desde luego, brillan por su ausencia.


Algo parecido me ocurre con Penelope, que sigue siendo uno de mis personajes favoritos y probablemente de los más interesantes de todo este universo. Tiene entre manos una trama que podría dar muchísimo juego, pero la serie apenas la explota. Su conflicto con Whistledown, que debería tener peso emocional, se desarrolla con tan poco espacio y tan poca intensidad que apenas logra dejar huella. Colin, además, queda casi desdibujado dentro de esa misma historia, cuando en teoría debería ser una parte importante del conflicto.


En el 3º libro esto cambia, aunque tampoco necesariamente para mejor. Como en la saga Penelope aún no ha llegado a su propia historia, aquí apenas está dibujada, y lo mismo ocurre con muchos de los hermanos Bridgerton. Más que personajes bien diferenciados, a veces parecen variaciones de un mismo molde. Hyacinth, Francesca o Eloise no tienen todavía una voz realmente propia, algo que la serie, hasta ahora, sí había conseguido trabajar mucho mejor. Por eso precisamente me decepciona más que en esta temporada esa riqueza de los personajes se empiece a perder.


La segunda parte mejora algo todo esto, pero no lo suficiente como para devolverme del todo a esos personajes y a ese Benedict que tanto me gusta en pantalla. Su faceta más rebelde, más inquieta y más encantadora queda reducida muchas veces a una obsesión por Sophie, mientras que ella termina ocupando el papel de muchacha enamorada, consciente de su situación, pero demasiado encorsetada dentro del arquetipo romántico.


En resumen, no es una temporada que me haya emocionado ni de lejos tanto como la anterior, pero tampoco puedo decir que no me haya entretenido al máximo. Lo mismo me ha pasado con el libro: es una lectura sencilla, ligera y bastante agradecida para una tarde de primavera calurosa, aunque no especialmente memorable dentro de la saga.


Y tú, qué opinas? ¿Te has leído los libros o solo sigues la serie? Me encantará leerte y debatirlo contigo, querida lectora, si has llegado hasta aquí.

 
 
 

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